![]() La Habana, martes 30 de octubre de 2012. Año 16 / Número 300 A moviegoer’s report Rolando Pérez Betancourt rolando.pb@granma.cip.cu The gurus of industrial espionage in Hollywood keep doing a wonderful job. Snow White more than seventy years after Walt Disney’s classic, on top of the odd movie version for good measure? Beware, something fishy’s going on behind such an interest!, sang the alarm bells in the studios. Pollsters and sociologists from other film companies found out that, sure enough, there was an audience out there ready to welcome a new Snow White, provided the venture was undertaken with the utmost attention to the dramatic content and story line and the help of a technology capable of delivering mind-blowing sceneries and SFX. Two films have been released already, almost in a row. And a third one in black and white and with hardly any dialogues is said to follow soon. The challenge lies in not losing track of the fable conceived by the Brothers Grimm and coined by Disney in 1937. Made this year and recently premiered, the version now showing in movie theaters marks the debut of Rupert Sanders, a successful publicist who, truth be told, had a lucky draw with this obscure medieval fantasy whose most appealing feature is a visual design based on spooky scenes mastered by the actress Charlize Theron, who boasts her imposing presence and hitherto spotless record as the evil queen whose magic –and anything but simple– mirror tells her one day that she’s no longer the fairest of them all. Actually, it isn’t so: the actress that plays Snow White, Kristen Stewart (Twilight) is not only a bit short of charms; she also makes you think now and then that she lost her character in the woods. Not the best pick by a long shot, but in such an expensive motion picture there had to be crowd-pullers especially attractive to young people, and this girl became a great hit with them thanks to her role in the vampire saga. All in all, the performances are not up to par, barring Charlize Theron’s fabulous rendition –she is the movie!– despite the very few negative reviews reproaching her for “a modicum” of overacting, whose authors forget that a mean queen clung to witchcraft as the only way to retain her otherwise irretrievable youth had to be categorical and high-flown, exactly the spin she puts on her character. Director Sanders makes surprising changes in the both the plot and the conception of the prince and the huntsman that I will not spoil for you here. As an adventure story rather than a horror film –unless we jump from Disney’s aseptic Snow White to this one without seeing other fairly sinister movies– Sanders’s story reveals flaws in the script and a pace at times unsteady but, all things considered, this is a piece of work likely to please children and adults alike. Incidentally, said children must be at least 12, but some of those I saw this Sunday during the first showing in Yara theater need to learn how to behave, lest the ushers give them a talking-to or two before they show them the way out, just like it was done back in the day in the Majestic. |
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![]() ROLANDO PÉREZ BETANCOURT rolando.pb@granma.cip.cu El espionaje industrial de Hollywood sigue funcionando a las mil maravillas. ¿Blancanieves a más de setenta años del clásico de Walt Disney y con alguna que otra versión fílmica a lo largo del camino? ¡Averigüen, que hay gato encerrado detrás del interés!, tronó la alarma en los estudios. E investigadores y sociólogos de otras casas productoras averiguaron que, efectivamente, había una audiencia presta a recibir a una nueva Blancanieves, siempre y cuando se asumiera la empresa con mayor complejidad dramática y de argumento, y bajo el manto de una tecnología capaz de concebir escenarios y efectos especiales inimaginables. Ya se han visto dos películas, casi una detrás de la otra, y falta la tercera, según se dice, en blanco y negro y con pocos diálogos. El reto consiste en no perder el rastro fabulador de la historia concebida por los hermanos Grimm y acuñada por Disney en 1937. La cinta que ahora está en cines de estrenos vio la luz este mismo año y es el debut de un exitoso publicista, Rupert Sanders, quien a decir verdad sale bastante bien parado con esta versión de oscura fantasía medieval que tiene en el diseño visual su mayor encanto. Escenarios tenebrosos en los que se impone la presencia de una actriz sin una sola mancha en el expediente, Charlize Theron, como la reina malvada a quien el espejo mágico ––que no es un mero espejito–– revela un día que hay una joven más bella que ella. Revelación falsa por cuanto la actriz que da vida a Blancanieves, Kristen Stewart (Crepúsculo) no solo se queda corta en encantos, sino que a ratos da la sensación de extraviar en el bosque el personaje que está asumiendo. Sin duda no es la mejor Blancanieves, pero en una producción tan costosa había que apoyarse en ganchos de taquilla, en especial para atraer al espectador joven, y la muchacha consolidó un fuerte arrastre tras la saga de vampiros. En sentido general, las actuaciones no son lo mejor del filme, con excepción de la fabulosa Charlize Theron, ¡ella es la película!, no obstante mínimas críticas leídas que le han reprochado "un poquito" de sobreactuación, sin tener en cuenta que una reina malvada y prendida a sus afanes de juventud recuperable solo mediante la hechicería, tenía que ser rotunda y altisonante, tal como la Theron borda el personaje. El director Sanders hace cambios en el argumento y en la concepción del príncipe y el cazador, con los cuales logra sorprender, y por ser sorpresa, nada se puede revelar aquí. Película más de aventura que de terror ––a no ser que se salte del Blancanieves aséptico de Disney a este sin acumular experiencias en otros filmes medianamente siniestros–– la historia de Sanders permite apreciar imprecisiones en el guion y hasta algún que otro ritmo vacilante, pero en sentido general se ve con agrado, tanto por los niños como por los adultos. Niños mayores de 12 años que, como unos cuantos de los asistentes este último domingo a la primera función del cine Yara, necesitarían saber que al cine no se va a mortificar, y si se mortifica, pues una o dos llamadas de atención por parte de los responsables de la sala y después a refrescar un rato afuera, como en mis tiempos del Majestic. http://www.granma.cubaweb.cu/2012/10/30/cultura/artic02.html
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