Cambio
de política en la Casa Blanca:
La catástrofe electoral de Bush
Lisandro Otero
2006-11-14
http://www.cubadebate.com/index.php?tpl=opinion-show¬iciaid=7826¬iciafecha=2006-11-14
La estulticia de Bush finalmente tuvo su capitulación en las
elecciones de 2006. Fue un desenlace catastrófico, un desastre de magnitud
insospechada. Ni los más optimistas Demócratas pensaron que la aplanadora
comicial iba a ser de tal dimensión: capturaron la mayoría de los gobiernos de
los estados, el control de la Cámara de Representantes y la mayoría en el
Senado. En los dos años que le quedan de su desastroso período presidencial
Bush tendrá que gobernar con la anuencia de sus opositores, no podrá eludir la
responsabilidad bipartidista.
Durante la campaña Bush insistió en afirmar que una victoria de los Demócratas
significaría una victoria del terrorismo. El canalla de Dick Cheney sostuvo que
los “terroristas” iraquíes, (léase combatientes de la liberación nacional),
estaban interviniendo en las elecciones estadounidenses intensificando sus
ataques.
Esos desatinos no impidieron que el control mantenido por los republicanos
durante doce años se haya venido abajo con el estrépito de un carcomido baluarte
que se derrumba. Durante años, ante la debilidad de los Demócratas, la
verdadera oposición se desplazó a las calles, a los artistas e intelectuales, a
la prensa de minorías, a las personalidades de Hollywood, al profesorado de las
universidades, a los afroamericanos, a los pacifistas, a los inmigrantes
hispanos, (exceptuando la minoría fascista de la Florida).
El pueblo estadounidense envió su mensaje claro y altisonante: basta ya de
guerra y de menosprecio de la voluntad popular. Los halcones petroleros de la
Casa Blanca diseñaron esa guerra para apoderarse los recursos energéticos del
Oriente Medio. Inventaron pretextos como el de las inexistentes armas de
destrucción masiva y el de la amenaza terrorista para gobernar incitando el
miedo. Eso se acabó. La gente ya no cree en fantasmas.
Estas elecciones implican un rechazo a los recortes en la seguridad social, a la
disminución de impuestos para los opulentos, al incremento monumental del
presupuesto federal en gastos bélicos, a las limitaciones a los inmigrantes, a
las torpes negociaciones que condujeron al logro de una Norcorea atómica, al
alto costo de la gasolina (disminuido en los últimos tiempos con propósitos
comiciales); el setenta por ciento del voto latino se volcó contra Bush. Según
el Washington Post cuatro de cada diez votos en contra de los Republicanos
fueron de castigo y rechazo contra Bush y los restantes fueron en parte de
hispanos y de inmigrantes. Ahora Bush está atado de manos y no podrá ejercer su
voluntad en favor de los acaudalados ni podrá continuar su voluntad omnímoda de
mantener a Estados Unidos como el súper gendarme universal.
La primera cabeza que rodó fue la de Donald Rumsfeld, un carrerista sin
escrúpulos, un ambicioso escalador que se ha valido de sus cargos públicos para
enriquecerse y ha usado el tráfico de influencias en su beneficio,
favoreciendo en sus maniobras a la cúpula empresarial del gran capital
estadounidense. Rumsfeld había entrado en contradicciones con los estrategas del
Pentágono por su empecinamiento en mantener un ejército altamente tecnificado
contra las tácticas guerrilleras de los insurgentes iraquíes.
El primer reclamo de los Demócratas fue una salida escalonada e inmediata de las
tropas estacionadas en Irak. Bush creó un panel de expertos independientes para
discutir las opciones estratégicas pero se opone tozudamente a esa retirada que
debía efectuarse en los próximos seis meses. Pero Bush sabe muy bien que ellos
necesitan esa política de rapiña y exterminio porque Estados Unidos ya no puede
vivir con recursos energéticos propios.
Dentro de dos decenios los yacimientos de los países árabes estarán casi
agotados, solamente persistirá el suministro de los pozos entre Azerbaiján y
Kazajstan. Será necesario tender más oleoductos al Mediterráneo y al Golfo
Pérsico para llevar el hidrocarburo a Occidente, por ello esa región es de
interés estratégico para Estados Unidos. Sin la energía que proporciona el
petróleo árabe los medios industriales básicos estadounidenses sufrirían una
parálisis. Esto daría paso a una catastrófica recesión económica. La posesión
del Medio Oriente es, por tanto, fundamental para los intereses americanos.
Bush hizo que Estados Unidos desempeñara, una vez más, el papel de villano en
el acontecer internacional pero lo llevo a extremos de impiedad y salvajismo
(Abu Grahib, Guantánamo, legalización de la tortura), como ningún otro de sus
antecesores. El Presidente Woodrow Wilson fue el primero que decidió que su país
debía actuar en el escenario mundial armado de razones morales y de las
supuestas virtudes de un estado bienhechor. Franklin Delano Roosevelt impulsó
la imagen de un país abierto y democrático en su lucha contra el nazi fascismo.
Pero al concluir la II Guerra Mundial, la Guerra Fría arruinó esa máscara y el
poder brutal, crudo, imperial y sanguinario se mostró en toda su repugnante
realidad. Bush ha llevado a Estados Unidos a ser el país más execrado y
maldecido del planeta. Ahora los Demócratas tienen la oportunidad de maquillar
ese rostro feroz y tratar de reingresar en el concierto de la sensatez.
gotli2002@yahoo.com